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viernes, 24 de julio de 2026

Un templo a las Musas del Olimpo que sobrevivió al doble cataclismo

                           

 

Venezuela: Crónica de una tragedia

A través de la Corresponsalía de Venezuela y de la mano de su coordinador Ernesto Marrero, ve la luz esta nueva iniciativa que nace de la convicción de que hay realidades que exigen algo más que una mirada fugaz, algo más que un titular apresurado, algo más que una opinión lanzada al paso. Exigen detenerse, escuchar, recoger, ordenar y dejar constancia, siendo desde esa voluntad que tu revista amiga, Letras de Parnaso abre este espacio para ir reuniendo, semana a semana (todos los viernes), textos (artículos) que ayuden a contar y comprender la tragedia venezolana desde su dimensión más profundamente humana, moral y cultural. No solo desde los grandes hechos que ocupan el debate público, sino también desde sus consecuencias, desde lo que se pierde, desde lo que se hiere, desde lo que se desmorona y desde aquello que, pese a todo, todavía resiste.

Juan Pellicer 

Editor

 

Un templo a las Musas del Olimpo que sobrevivió al doble cataclismo

Hay lugares donde el tiempo no se mide en horas, sino en capas de papel plasmadas de letras e ideas. En Sabana Grande, justo en la acera diagonal a la Alianza Francesa, se erige la Gran Pulpería del Libro Venezolano, uno de los monumentos a la palabra impresa más vertiginosos e inconmensurables de Latinoamérica. Fue un 24 de junio de 1981 cuando el historiador y bibliógrafo Rafael Ramón Castellanos abrió por primera vez estas puertas, sin imaginar —o quizás presintiendo— que terminaría levantando una fortaleza capaz de resistir la avalancha de la crisis económica, la tecnología y el olvido.

Hoy en día, este espacio resguarda más de tres millones de almas encuadernadas: un universo apretado entre libros usados, manuscritos con sabor a siglo, revistas, folletos y recuerdos de otra época. Bajo la guía de Rómulo Castellanos, hijo del fundador, el lugar ha dejado de ser una simple librería para convertirse en una trinchera vibrante. Es un bastión de resistencia en favor de la textura del papel; un refugio donde, entre múltiples pasadizos abrumadores, también resuenan canciones, poesías, muestras plásticas y encuentros artísticos de diversa índole.

Fue también un 24 de junio, pero de 2026 —exactamente 45 años después de su inauguración—, cuando un doblete sísmico sacudió sus entrañas. El temblor desplomó estantes e inundó los suelos con una marejada de más de cien mil libros. Aunque pareció que el caos ganaba la partida y su sombra opacaba los pasillos, este laberinto de ideas demostró tener vida propia. De la aparente penumbra emergieron manos anónimas: lectores devotos y el propio equipo de la pulpería se unieron para rescatar cada tomo de las ruinas. Allí, donde la sacudida derribó la historia, la solidaridad la devolvió a sus anaqueles para que pueda seguir siendo consultada por quienes anhelan saciar su curiosidad intelectual y por los que esperan encontrar tesoros literarios escondidos.

El propio Rómulo Castellanos afirma: «En un país tan golpeado, donde las librerías ya venían afectadas en lo económico, mantenerse de pie era muy difícil. Este año se ha vuelto especialmente duro para sostener el espacio. No obstante, a pesar de este luto nacional y del dolor que sentimos todos, la solidaridad de los venezolanos ante la catástrofe ha sido estupenda. Más de doscientas o trescientas manos han colaborado para que la Pulpería se vuelva a organizar y a levantar. Esto ha sido algo hermoso, de verdad que sí».

Es cierto que en los momentos de crisis y desgracia surge tanto lo más bajo como lo más sublime de la condición humana. En estos días convulsos en Venezuela se han evidenciado vicios y virtudes, ignominia y heroísmo; pero por cada funcionario corrupto, por cada buitre o predador inescrupuloso, hay cientos de ciudadanos con un gran corazón, benefactores decididos a ayudar al necesitado y a transformar nuestro mundo en un lugar mejor cada día, resueltos a levantar a Venezuela de tantos años de oscuridad y elevarla hasta la cima de la paz y la dignidad.

 

Por: Ernesto Marrero

Corresponsal de la revista Letras de Parnaso por Venezuela

 






 

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