Frases del escritor

Filosofía clásica y existencial en torno a la Literatura... Un camino de reflexiones y letras para encontrarnos.
Instagram:@ernestomarrero / Facebook: Ernesto Marrero Ramírez

sábado, 22 de agosto de 2026

Poema: Tiempo, oasis de conciencia


Vivir es sostener el fuego que consume nuestra existencia.

El pulso en la muñeca es reloj de carne,

río de arena roja que no acepta retornos.

Entre la luz del amanecer y la fosa del ocaso

no hay murallas de piedra ni océanos insondables:

solo existe una delgada línea de instantes,

un hilo entretejido de experiencias que nutren la Conciencia

 

Caminamos por el mundo como reyes ciegos

gastando el oro de los años en monedas de humo,

y olvidando que el tiempo no se posee, se custodia.

Solo somos náufragos en una balsa

que navega hacia la isla oculta de nuestro Ser


Evolucionar no es acumular otoños en la piel

sino despojar al alma de sus vendajes.

Es mirar el tallo que nace en una grieta, ser ese tallo...

Comprender que el tiempo es semilla que germina,

Oasis sagrado para despertar de nuestro sueño

antes de que Hades reclame su territorio

 

Reconocer a Cronos no es frenar el paso de las horas,

es moldear el barro del presente con manos conscientes.

Es saber que la muerte solo espera a que los minutos se agoten

mientras la vida nos exige contemplar, reflexionar y florecer

en el breve tiempo que poseemos...

                Apenas un parpadeo del ojo de Dios

 

jueves, 20 de agosto de 2026


 

Comparto mi Poema: "Un día sin poema", de mi libro "Fragmentos de impermanencia".

"Cuando pensamos que un poema nos ha abandonado, él puede aparecer de manera misteriosa."

 

Declamación: Ernesto Marrero Ramírez

Videos: pexels.com/videos

Música: playlistsons-poetic-376759, de pixabay.com

Edición de video: Mónica Guerra


sábado, 15 de agosto de 2026

Una heroína en un refugio. Crónicas de la revista Letras de Parnaso


 

Una heroína en un refugio

Por: Ernesto Marrero Ramírez

 

Hay sucesos que tienen el peso aplastante de la tierra en movimiento. Cuando el doble terremoto de junio de 2026 sacudió las entrañas de La Guaira, no solo derrumbó estructuras de concreto, derrumbó vidas que se desmoronaron en una nube de polvo gris.

En medio de esta fatalidad, una mujer lo perdió todo en cuestión de segundos: su hogar, el refugio seguro de sus recuerdos, y a la médica de cabecera que la acompañaba, paso a paso, en su compleja batalla contra el cáncer. El impacto inicial fue un negro abismo. Ser golpeada por la pared de una doble pérdida sumió su espíritu en un estupor amargo. 

Se dice que la depresión no es más que el peso de un presente que se niega a ser aceptado, y en su caso fue así. Durante días, bajo la sombra ahogante de un refugio instalado en el Centro Comunitario de Catia la Mar, el peso de una enfermedad que azotaba su organismo y el vivo recuerdo de la tierra sacudiéndose bajo sus pies, mientras su vivienda se desmoronaba, creaban un horizonte opaco donde el sol había dejado de brillar. ¿Cómo sostener la propia vida cuando el cuerpo flaquea y el entorno ha dejado de existir?

​Sin embargo, el alma humana posee resortes misteriosos que no responden a la lógica de la ruina. Entre el correteo inquieto de los niños y la incertidumbre del hacinamiento, un murmullo interno comenzó a sobreponerse al dolor. Era el llamado irrenunciable de su vocación docente. Al mirar a la infancia descalza que vagaba entre los pasillos del albergue, comprendió que el miedo no podía tener la última palabra. Si el terremoto les había arrebatado el aula tradicional, ella reconstruiría el templo del saber con lo único que le quedaba: su dignidad y su conocimiento.

​Así nació la escuelita Urimare, bautizada en honor a la resistencia indígena del litoral. En el corazón de una sencilla carpa de lona, donde la brisa marina apenas aliviaba el sofocante calor, improvisó un espacio de moral y luces. Con apenas un par de cuadernos rescatados, lápices compartidos y una voluntad inquebrantable, convirtió aquel refugio en un oasis de aprendizaje y esperanza.

​Día tras día, entre trazos y lecturas en voz alta, devolvió a los niños la estructura que la catástrofe les había robado. Mientras les enseñaba a sumar, restar y articular las letras, su propia enfermedad parecía perder terreno frente al propósito vital que la sostenía. Enseñar se volvió su mejor terapia, la prueba viva de que el sentido de la existencia no se destruye con una catástrofe natural.

​Urimare no solo fue una carpa de alfabetización en Catia la Mar, fue un testimonio de que la vocación y la buena voluntad, cuando son auténticas, son capaces de florecer sobre la adversidad más profunda y transformar el dolor de una desgracia en un legado imperecedero.

 

Ernesto Marrero

Corresponsal de la revista Letras de Parnaso en Venezuela

 

 

martes, 11 de agosto de 2026

Podcast TESTIGOS DEL TIEMPO: Conversaciones con la Monja Budista Kelsang Chojung Parte III

 



PARTE III: ¿CUÁL ES EL SENTIDO DE LA VIDA?


Vivimos en un mundo acelerado, lleno de adversidades, ruido exterior y, sobre todo, de ruido mental. Buscamos respuestas afuera, cuando la verdadera calma habita en el silencio interior. En esta serie de episodios, nos detenemos un momento para escuchar la conversación entre el escritor Ernesto Marrero y la monja budista Kelsang Chojung.

Acompáñame en este viaje a través de la meditación, la filosofía de la mente, el autoconocimiento y la búsqueda de una paz interior en medio del caos cotidiano. Bienvenidos a este segmento de reflexión: TESTIGOS DEL TIEMPO... Busca tu espacio, respira y conecta.








Podcast TESTIGOS DEL TIEMPO: Conversaciones con la Monja Budista Kelsang Chojung Parte II

 


Podcast: Testigos del Tiempo

PARTE II: LA MEDITACIÓN


Vivimos en un mundo acelerado, lleno de adversidades, ruido exterior y, sobre todo, de ruido mental. Buscamos respuestas afuera, cuando la verdadera calma habita en el silencio interior. En esta serie de episodios, nos detenemos un momento para escuchar la conversación entre el escritor Ernesto Marrero y la monja budista Kelsang Chojung.

Acompáñame en este viaje a través de la meditación, la filosofía de la mente, el autoconocimiento y la búsqueda de una paz interior en medio del caos cotidiano. Bienvenidos a este segmento de reflexión: TESTIGOS DEL TIEMPO... Busca tu espacio, respira y conecta.





viernes, 31 de julio de 2026

Las flores que nacen de las cenizas

 

Fotografía: Ernesto Marrero Ramírez

Las flores que nacen de las cenizas

Reflexiones existenciales tras la tormenta: de la marea de Zenón a la trinchera de Frankl

Por: Ernesto Marrero Ramírez

Caracas, 28 de julio de 2026

 

I. El peso de la ruina

Hay momentos en que el tiempo no transcurre, se desmorona y forma grietas profundas, muy profundas. Ocurre cuando la vida azota con su látigo y cambia el rumbo de nuestros senderos. En La Guaira se conoce bien el sabor de esa fractura, ese silencio amargo que queda después que la furia de la naturaleza se apaga y nos deja a solas con el lodo, las piedras, el polvo o los escombros.

Cuando la casa que albergó nuestros abrazos se desmoronó, cuando los seres queridos se convirtieron en ecos lejanos, cuando perdemos una parte de nuestro cuerpo y nos sentimos incompletos, mutilados, cuando el ser humano se descubre insignificante y frágil frente al abismo ignoto de su propia existencia. Es natural que en ese momento brote la desesperación, que la mente se vuelva un torbellino y que la tentación de rendirse o desaparecer de este mundo se presenten como posibles escapes, ante un sufrimiento que excede las fuerzas del corazón.

Sin embargo, en medio del despojo más absoluto, cuando sentimos que nos han arrebatado todo, nace una pregunta muy antigua, pero siempre estremecedora: ¿Qué se puede hacer con las manos vacías si la vida nos lo ha quitado todo?

 

II. El mar que todo se lo llevó. Zenón de Citio y el naufragio

Muchos siglos antes de nuestras propias tormentas, en las costas del Mediterráneo, un hombre llamado Zenón de Citio contempló su vida hundirse en las profundidades del mar.

Era un comerciante próspero, nacido en Citio, Chipre, en el año 334 a. C., que lo arriesgó todo en un viaje marítimo que transportaría púrpura de Tiro (un valioso tinte fenicio muy cotizado) y diversos tipos de especias. Frente al puerto del Pireo, una tempestad impetuosa destruyó su nave, sumergiendo su mercancía, su riqueza y la estabilidad de su futuro en el fondo del océano.

Zenón caminó desolado hacia las playas de Atenas sin un solo centavo en el bolsillo, con la ropa empapada de sal y la mirada extraviada en el horizonte.

"¿Qué hace un hombre cuando el trabajo de toda su vida se disuelve en el agua?"

Lejos de dejarse arrastrar por el naufragio interior, Zenón entró en una pequeña librería y leyó la obra de Jenofonte qué hablaba del filósofo Sócrates, luego continuó leyendo a otros pensadores y quedó fascinado por la serenidad y sabiduría que poseían. Se dedicó a estudiar con varios filósofos y reflexionó mucho, así comprendió una verdad tan transparente como el cristal: el mar podía arrebatarle sus bienes, su riqueza y su estatus, pero jamás podría despojarlo de su libertad interior, de su capacidad de pensar, de sentir y de decidir cómo responder ante una tragedia. De aquella orilla desolada no nació la ruina, ni la depresión de un hombre, sino el “Estoicismo”, una corriente filosófica que trascendió en la historia y de la cual emanarían pensadores ilustres como Séneca, Epicteto y Marco Aurelio.

 

III. La luz en la noche más oscura: Frankl y la libertad acorralada

Durante los años de horror en los campos de concentración nazis, el médico y neurólogo vienés Viktor Frankl fue despojado de todo cuanto puede poseer un ser humano: su profesión, sus manuscritos, sus ropas, su nombre y, lo más desgarrador, su familia. Su única culpa fue ser judío.

Aunque él ya venía desarrollando los fundamentos teóricos del análisis existencial en los años 30, la prueba de fuego de su teoría ocurrió entre 1942 y 1945, cuando fue deportado a varios campos de concentración nazis, incluidos Auschwitz y Dachau. En medio del despojo absoluto, Frankl observó un patrón determinante: la supervivencia física y psicológica no dependía únicamente de la constitución robusta, sino de tener un "para qué" vivir, un Sentido de vida. Aquellos prisioneros que conservaban un propósito —un proyecto inconcluso, la esperanza de volver a ver a un ser querido o la decisión ética de cómo sobrellevar el sufrimiento— mantenían una resistencia espiritual muy superior. De esta vivencia surgió su obra cumbre, El hombre en busca de sentido (1946), donde sintetiza la célebre premisa inspirada en Nietzsche: "Quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo".

“La Logoterapia”, su más importante legado, no nació en un cómodo despacho de Viena, nació en las duras barracas del sufrimiento humano, junto al frío, el hambre, la humillación, la tortura, la soledad y en general, bajo la injusta bota del totalitarismo nazi. Sometido a estas duras condiciones, Frankl nos enseñó que no podemos elegir las tormentas que nos golpean, pero siempre podemos elegir la postura con la que nos mantenemos de pie ante ellas.

 

IV. El diálogo entre la marea y la sombra

Zenón de Citio y Viktor Frankl no se conocieron. Los separan más de dos mil años de historia, pero los une un mismo hilo de luz. El fenicio golpeado por un naufragio en el mar y el médico aprisionado por el odio nazi escalaron la misma cima existencial, porque la tragedia no es el final del camino, sino el territorio donde nace un significado profundo de estar vivos.

Ambos nos invitan a realizar una transformación íntima y personal: dejar de preguntarnos con amargura: "¿Por qué me ocurrió esto a mí?", para empezar a hacernos una pregunta transformadora y digna: "¿Quién voy a ser yo ante esto que me ha ocurrido?". La vida, aún en sus horas más oscuras, no nos exige una resignación pasiva, sino una respuesta activa. No somos responsables de la devastación que irrumpe en nuestras vidas, pero sí somos los únicos arquitectos de lo que construiremos sobre sus ruinas.

Mientras quede un soplo de aire en nuestros pulmones, la historia no ha terminado. En el desierto de la pérdida habita también la semilla de una fuerza insospechada. Es momento de recoger la propia dignidad del suelo, mirar al horizonte con la serenidad de Zenón y la esperanza inquebrantable de Frankl, y comprender que, incluso tras el más terrible de los cataclismos, el ser humano conserva la capacidad de florecer.

viernes, 24 de julio de 2026

Un templo a las Musas del Olimpo que sobrevivió al doble cataclismo

                           

 
Fotografía: Ernesto Marrero Ramírez

Venezuela: Crónica de una tragedia

A través de la Corresponsalía de Venezuela y de la mano de su coordinador Ernesto Marrero, ve la luz esta nueva iniciativa que nace de la convicción de que hay realidades que exigen algo más que una mirada fugaz, algo más que un titular apresurado, algo más que una opinión lanzada al paso. Exigen detenerse, escuchar, recoger, ordenar y dejar constancia, siendo desde esa voluntad que tu revista amiga, Letras de Parnaso abre este espacio para ir reuniendo, semana a semana (todos los viernes), textos (artículos) que ayuden a contar y comprender la tragedia venezolana desde su dimensión más profundamente humana, moral y cultural. No solo desde los grandes hechos que ocupan el debate público, sino también desde sus consecuencias, desde lo que se pierde, desde lo que se hiere, desde lo que se desmorona y desde aquello que, pese a todo, todavía resiste.

Juan Pellicer 

Editor

 

Un templo a las Musas del Olimpo que sobrevivió al doble cataclismo

Hay lugares donde el tiempo no se mide en horas, sino en capas de papel plasmadas de letras e ideas. En Sabana Grande, justo en la acera diagonal a la Alianza Francesa, se erige la Gran Pulpería del Libro Venezolano, uno de los monumentos a la palabra impresa más vertiginosos e inconmensurables de Latinoamérica. Fue un 24 de junio de 1981 cuando el historiador y bibliógrafo Rafael Ramón Castellanos abrió por primera vez estas puertas, sin imaginar —o quizás presintiendo— que terminaría levantando una fortaleza capaz de resistir la avalancha de la crisis económica, la tecnología y el olvido.

Hoy en día, este espacio resguarda más de tres millones de almas encuadernadas: un universo apretado entre libros usados, manuscritos con sabor a siglo, revistas, folletos y recuerdos de otra época. Bajo la guía de Rómulo Castellanos, hijo del fundador, el lugar ha dejado de ser una simple librería para convertirse en una trinchera vibrante. Es un bastión de resistencia en favor de la textura del papel; un refugio donde, entre múltiples pasadizos abrumadores, también resuenan canciones, poesías, muestras plásticas y encuentros artísticos de diversa índole.

Fue también un 24 de junio, pero de 2026 —exactamente 45 años después de su inauguración—, cuando un doblete sísmico sacudió sus entrañas. El temblor desplomó estantes e inundó los suelos con una marejada de más de cien mil libros. Aunque pareció que el caos ganaba la partida y su sombra opacaba los pasillos, este laberinto de ideas demostró tener vida propia. De la aparente penumbra emergieron manos anónimas: lectores devotos y el propio equipo de la pulpería se unieron para rescatar cada tomo de las ruinas. Allí, donde la sacudida derribó la historia, la solidaridad la devolvió a sus anaqueles para que pueda seguir siendo consultada por quienes anhelan saciar su curiosidad intelectual y por los que esperan encontrar tesoros literarios escondidos.

El propio Rómulo Castellanos afirma: «En un país tan golpeado, donde las librerías ya venían afectadas en lo económico, mantenerse de pie era muy difícil. Este año se ha vuelto especialmente duro para sostener el espacio. No obstante, a pesar de este luto nacional y del dolor que sentimos todos, la solidaridad de los venezolanos ante la catástrofe ha sido estupenda. Más de doscientas o trescientas manos han colaborado para que la Pulpería se vuelva a organizar y a levantar. Esto ha sido algo hermoso, de verdad que sí».

Es cierto que en los momentos de crisis y desgracia surge tanto lo más bajo como lo más sublime de la condición humana. En estos días convulsos en Venezuela se han evidenciado vicios y virtudes, ignominia y heroísmo; pero por cada funcionario corrupto, por cada buitre o predador inescrupuloso, hay cientos de ciudadanos con un gran corazón, benefactores decididos a ayudar al necesitado y a transformar nuestro mundo en un lugar mejor cada día, resueltos a levantar a Venezuela de tantos años de oscuridad y elevarla hasta la cima de la paz y la dignidad.

 

Por: Ernesto Marrero

Corresponsal de la revista Letras de Parnaso por Venezuela

 

Fotografía: Ernesto Marrero Ramírez


Fotografía: Ernesto Marrero Ramírez