Frases del escritor

Filosofía clásica y existencial en torno a la Literatura... Un camino de reflexiones y letras para encontrarnos.
Instagram:@ernestomarrero / Facebook: Ernesto Marrero Ramírez

domingo, 23 de agosto de 2026

Un testimonio que cruza las fronteras del mundo material

 Por: Ernesto Marrero R.


"Mi religión es vivir y morir sin arrepentimientos." 

Milarepa




Fotografía: Valentina Moncada


A continuación les comparto mi artículo: Un testimonio que cruza las fronteras del mundo material, publicado en la revista española Letras de Parnaso, correspondiente a la sección: Venezuela: Crónicas de una tragedia.


Nos reunimos en aquella pequeña cafetería de Las Mercedes, en Caracas, donde el aroma del grano recién molido intentaba, en vano, disipar la nubosidad de la tarde. Jackson se sentó frente a mí, vistiendo aún con esa dignidad austera que caracteriza a muchos de los funcionarios de Defensa Civil, esas personas que están dispuestas a servir de corazón para rescatar al prójimo, simplemente porque su conciencia así lo indica. 

Tras nuestro primer encuentro en el Hospital J.M. de los Ríos, este café prometía ser un encuentro para escuchar esas historias heroicas donde nuevas personas fueron rescatadas de los escombros. Pero la mirada de Jackson traía consigo un peso distinto, una misteriosa carga suspendida en la frontera entre lo físico y lo invisible.

—Muchas de las tragedias en La Guaira no solo fracturan la tierra —me dijo, deslizando los dedos por el borde de su taza humeante—. También rasgan el velo ilusorio de lo que entendemos por realidad.

Entonces me narró dos historias que recorrían los escombros como una brisa colectiva, confirmadas por varios rescatistas en el terreno: 

La primera ocurrió durante las labores de salvamento en los sectores más devastados por el doble terremoto, específicamente en Coral Beach. El "Topo Mayor", Héctor Méndez González, un curtido especialista de los Topos Aztecas, grupo voluntario dedicado a la faena de cavar túneles entre las ruinas para rescatar a personas atrapadas. Allí se topó con un abismo que no figuraba en ningún plano estructural.

En la penumbra de un pasaje estrecho, donde la tierra olía a cal y a tiempo detenido, el topo encontró a una mujer. Ella le hablaba con una lucidez desgarradora y angustiante, llorando amargamente mientras le relataba cómo una pared se le había venido encima. Lo desconcertante no era su relato, sino su inconsciencia: ella no sabía que había muerto. Hablaba desde la cadena de la existencia, atrapada en el instante preciso de su colapso. Tras de ella, sumido en una penumbra aún más densa, se erguía la figura de su esposo, quien la observaba en un silencio impregnado de una tristeza infinita, sin dejar de llorar. Ambos eran almas en pena, espectros suspendidos en el dolor de una transición aún no asumida. Cuando el Topo averiguó sobre esta pareja, le dijeron que ellos habían vivido en el noveno piso.

—Lo que más estremeció al Topo continuó Jackson, con la voz temblorosa y cargada de un profundo asombro— no fue el encuentro paranormal en sí, sino la tremenda fragilidad de nuestra condición mortal. Esas almas vagaban porque la muerte las sorprendió sin aviso, aferradas a una cotidianidad material que se esfumó en un segundo, algo que le puede pasar a cualquiera.




El segundo relato corresponde al de un bombero, que me pidió que no comentara su nombre, lo consideraba una persona seria y muy comprometida, y habíamos realizado otro recate juntos. Ya en la noche, mientras descansábamos un rato de una dura jornada, me contó algo que me erizó la piel. Él y sus compañeros llegaron al sector de las Quince Letras. Derrumbes, escombros, desolación y dolor cubrían la atmosfera de todo el ambiente. Allí se encontraba un señor preocupado y sumido en la angustia, que al verlos les suplicó que le ayudaran a sacar a su hija. La niña le gritaba con desesperación que la sacaran de ese oscuro lugar. Estaba sepultada en un edificio de seis pisos reducido a tres. Comenzaron la labor de rescate y contactaron con una niña de 4 años llamada Sofía, que decía estar atrapada debajo de una viga. Comenzaron a picar piedras y a apartar escombros con desesperación. Ya con sus manos llenas de ampollas y sangre, lograron ver la manito de la niña, y esto les dio más fuerza para seguir excavando. Pero, cuando llegaron hasta Sofía, ella ya llevaba más de 24 horas de haber fallecido, tenía una gran viga sobre su abdomen, con sus vísceras expuestas. Su pregunta fue inquietante y escalofriante Ernesto. —¿A quién escuchamos entonces? ¿con quién habíamos hablado mientras luchábamos para encontrar su cuerpecito? Me dice que esa noche en el campamento el silencio, el miedo y la reflexión fueron totales.

Después de que Jackson se marchara de aquel cafetín, me quedé sumergido en una inevitable reflexión filosófica sobre nuestra propia finitud. La muerte, esa certeza inexorable a la que con frecuencia le damos la espalda, nos acecha como un hecho absoluto, inevitable. Pero vivimos bajo la ilusión de la permanencia, construyendo certezas sobre cimientos de lodo, pensando que las desgracias y la muerte solo les llega a los demás y no a nosotros, y cuando el fin nos aborda este momento sin preparación, el tránsito se convierte en una agonía prolongada por la incomprensión de nuestra naturaleza impermanente y, peor aún, cuando dejamos nuestro cuerpo seguimos apegados a este mundo sin aceptar el nuevo estado inmaterial.

Estamos de paso. La vida es un destello breve entre dos inmensidades inescrutables, el antes y el después. Esas almas suspendidas en las ruinas de La Guaira nos recuerdan que no podemos permitirnos el lujo de transitar la vida a la ligera, arrastrados como hojas a merced del viento. La única defensa ante la brevedad de nuestra existencia es el autoconocimiento y la profundidad de nuestras acciones: sembrar lo mejor de nosotros cada día sin esperar reconocimientos, cultivar la virtud, el altruismo, tomar conciencia y evolucionar internamente. Porque solo quien ha mirado hacia su interior y ha vivido con propósito puede aceptar su partida cuando el suelo, inevitablemente, ceda bajo sus pies.


Ernesto Marrero Ramírez

Corresponsal para Venezuela de la revista Letras de Parnaso

 

sábado, 22 de agosto de 2026

Un juego de azar



 

Les comparto "Un juego de azar"©. Balada Rock. Una pieza musical cuya letra nace de mi poema "El juego de la vida". Esta obra forma parte de mi libro "Fragmentos de impermanencia", editado en 2024 por Ediciones Alta Esfera y el Círculo de Escritores de Venezuela. En esta ocasión, la Interpretación y Música cobran vida gracias a la tecnología de Suno AI. Los videos se obtuvieron de Pexels.com y la Edición fue realizada por Mónica Guerra.


Poema: Tiempo, oasis de conciencia


Vivir es sostener el fuego que consume nuestra existencia.

El pulso en la muñeca es reloj de carne,

río de arena roja que no acepta retornos.

Entre la luz del amanecer y la fosa del ocaso

no hay murallas de piedra ni océanos insondables:

solo existe una delgada línea de instantes,

un hilo entretejido de experiencias que nutren la Conciencia

 

Caminamos por el mundo como reyes ciegos

gastando el oro de los años en monedas de humo,

y olvidando que el tiempo no se posee, se custodia.

Solo somos náufragos en una balsa

que navega hacia la isla oculta de nuestro Ser


Evolucionar no es acumular otoños en la piel

sino despojar al alma de sus vendajes.

Es mirar el tallo que nace en una grieta, ser ese tallo...

Comprender que el tiempo es semilla que germina,

Oasis sagrado para despertar de nuestro sueño

antes de que Hades reclame su territorio

 

Reconocer a Cronos no es frenar el paso de las horas,

es moldear el barro del presente con manos conscientes.

Es saber que la muerte solo espera a que los minutos se agoten

mientras la vida nos exige contemplar, reflexionar y florecer

en el breve tiempo que poseemos...

                Apenas un parpadeo del ojo de Dios

 

jueves, 20 de agosto de 2026


 

Comparto mi Poema: "Un día sin poema", de mi libro "Fragmentos de impermanencia".

"Cuando pensamos que un poema nos ha abandonado, él puede aparecer de manera misteriosa."

 

Declamación: Ernesto Marrero Ramírez

Videos: pexels.com/videos

Música: playlistsons-poetic-376759, de pixabay.com

Edición de video: Mónica Guerra


sábado, 15 de agosto de 2026

Una heroína en un refugio. Crónicas de la revista Letras de Parnaso


 

Una heroína en un refugio

Por: Ernesto Marrero Ramírez

 

Hay sucesos que tienen el peso aplastante de la tierra en movimiento. Cuando el doble terremoto de junio de 2026 sacudió las entrañas de La Guaira, no solo derrumbó estructuras de concreto, derrumbó vidas que se desmoronaron en una nube de polvo gris.

En medio de esta fatalidad, una mujer lo perdió todo en cuestión de segundos: su hogar, el refugio seguro de sus recuerdos, y a la médica de cabecera que la acompañaba, paso a paso, en su compleja batalla contra el cáncer. El impacto inicial fue un negro abismo. Ser golpeada por la pared de una doble pérdida sumió su espíritu en un estupor amargo. 

Se dice que la depresión no es más que el peso de un presente que se niega a ser aceptado, y en su caso fue así. Durante días, bajo la sombra ahogante de un refugio instalado en el Centro Comunitario de Catia la Mar, el peso de una enfermedad que azotaba su organismo y el vivo recuerdo de la tierra sacudiéndose bajo sus pies, mientras su vivienda se desmoronaba, creaban un horizonte opaco donde el sol había dejado de brillar. ¿Cómo sostener la propia vida cuando el cuerpo flaquea y el entorno ha dejado de existir?

​Sin embargo, el alma humana posee resortes misteriosos que no responden a la lógica de la ruina. Entre el correteo inquieto de los niños y la incertidumbre del hacinamiento, un murmullo interno comenzó a sobreponerse al dolor. Era el llamado irrenunciable de su vocación docente. Al mirar a la infancia descalza que vagaba entre los pasillos del albergue, comprendió que el miedo no podía tener la última palabra. Si el terremoto les había arrebatado el aula tradicional, ella reconstruiría el templo del saber con lo único que le quedaba: su dignidad y su conocimiento.

​Así nació la escuelita Urimare, bautizada en honor a la resistencia indígena del litoral. En el corazón de una sencilla carpa de lona, donde la brisa marina apenas aliviaba el sofocante calor, improvisó un espacio de moral y luces. Con apenas un par de cuadernos rescatados, lápices compartidos y una voluntad inquebrantable, convirtió aquel refugio en un oasis de aprendizaje y esperanza.

​Día tras día, entre trazos y lecturas en voz alta, devolvió a los niños la estructura que la catástrofe les había robado. Mientras les enseñaba a sumar, restar y articular las letras, su propia enfermedad parecía perder terreno frente al propósito vital que la sostenía. Enseñar se volvió su mejor terapia, la prueba viva de que el sentido de la existencia no se destruye con una catástrofe natural.

​Urimare no solo fue una carpa de alfabetización en Catia la Mar, fue un testimonio de que la vocación y la buena voluntad, cuando son auténticas, son capaces de florecer sobre la adversidad más profunda y transformar el dolor de una desgracia en un legado imperecedero.

 

Ernesto Marrero

Corresponsal de la revista Letras de Parnaso en Venezuela

 

 

martes, 11 de agosto de 2026

Podcast TESTIGOS DEL TIEMPO: Conversaciones con la Monja Budista Kelsang Chojung Parte III

 



PARTE III: ¿CUÁL ES EL SENTIDO DE LA VIDA?


Vivimos en un mundo acelerado, lleno de adversidades, ruido exterior y, sobre todo, de ruido mental. Buscamos respuestas afuera, cuando la verdadera calma habita en el silencio interior. En esta serie de episodios, nos detenemos un momento para escuchar la conversación entre el escritor Ernesto Marrero y la monja budista Kelsang Chojung.

Acompáñame en este viaje a través de la meditación, la filosofía de la mente, el autoconocimiento y la búsqueda de una paz interior en medio del caos cotidiano. Bienvenidos a este segmento de reflexión: TESTIGOS DEL TIEMPO... Busca tu espacio, respira y conecta.








Podcast TESTIGOS DEL TIEMPO: Conversaciones con la Monja Budista Kelsang Chojung Parte II

 


Podcast: Testigos del Tiempo

PARTE II: LA MEDITACIÓN


Vivimos en un mundo acelerado, lleno de adversidades, ruido exterior y, sobre todo, de ruido mental. Buscamos respuestas afuera, cuando la verdadera calma habita en el silencio interior. En esta serie de episodios, nos detenemos un momento para escuchar la conversación entre el escritor Ernesto Marrero y la monja budista Kelsang Chojung.

Acompáñame en este viaje a través de la meditación, la filosofía de la mente, el autoconocimiento y la búsqueda de una paz interior en medio del caos cotidiano. Bienvenidos a este segmento de reflexión: TESTIGOS DEL TIEMPO... Busca tu espacio, respira y conecta.