Frases del escritor

Filosofía clásica y existencial en torno a la Literatura... Un camino de reflexiones y letras para encontrarnos.
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miércoles, 29 de abril de 2020

Marie Curie, férrea voluntad y abnegación




En la lista de científicos abnegados y benefactores de la humanidad hay que resaltar, en letras mayúsculas, el nombre de María Salomea Skłodowska, mejor conocida como Marie Curie o Madame Curie. Una mujer menuda, sencilla y de aspecto frágil, pero con un corazón de acero, un ingenioso cerebro y un alma indómita, que nace Varsovia, capital de Polonia, el 07 de noviembre de 1867. Su padre fue un profesor de física y su madre una profesora que dirigía un pensionado para hembras. Siendo aún niña la vida le presentó muchos reveses que tiñeron su infancia de gris. Tuvo que vivir en un país que se encontraba bajo el yugo de la Rusia Imperial y además le tocó soportar el distanciamiento de su madre que, aunque amaba mucho a sus hijos, evitaba abrazarlos y besarlos para no contagiarlos de tuberculosis.  A la edad de 9 años muere su hermana Sofía a quien apodaban cariñosamente como Zosia, a consecuencia de una epidemia de tifus, y dos años después su adorada madre, producto de esa infección bacteriana con la que tanto luchó. Por estos sucesos, el hogar de los Sklodowski se convirtió en un lugar sombrío, con las ventanas oscurecidas y atuendos negros. Estos hechos formaron en María un carácter fuerte y una mirada seca y triste, que la acompañaría el resto de su vida. Su educación inicial la obtuvo en Polonia, mostrando una capacidad impresionante para memorizar, además de realizar con facilidad cálculos matemáticos. Por otro lado, llegó a dominar varios idiomas: el polaco, el ruso, el alemán, el francés y el inglés.
Sus deseos de continuar estudios en la Universidad, se hicieron una necesidad muy grande. El problema era que en Polonia no le era permitido estudiar a las mujeres en niveles universitarios. Su hermana Bronia también quería estudiar medicina y así llegan a un acuerdo, Marie ejercería la labor de institutriz y ayudaría a pagar sus estudios con la colaboración de su padre, y cuando Bronia obtuviera su título, ella ayudaría a María a realizar los suyos. Y así lo hicieron. Con los años Bronia se gradúa y se casa con un médico, entonces María parte para París a estudiar en la Sorbona. Pasó un tiempo viviendo con su hermana y su cuñado antes de alquilar una buhardilla en el Barrio Latino, que quedaba cerca de la Universidad. Después de años de sacrificios, necesidades y mucho estudio se gradúa con honores en el año 1893, en la carrera de Física y un año después obtiene una segunda licenciatura en Matemáticas.
En Francia, María conoció al físico francés Pierre Curie, quien tenía ya un reconocimiento importante dentro del mundo científico por haber descubierto en 1880, junto a su hermano Jacques, la piezoelectricidad, un fenómeno por el cual al comprimir un cristal de cuarzo se genera un potencial eléctrico. Y Surgió así, prácticamente a primera vista, una atracción en la pareja, no solo física, sino intelectual y espiritual. Por este motivo, contrajeron nupcias el 26 de julio de 1895 ante el alcalde de Sceaux, población cercana a parís. Fruto de esta unión nacerían sus dos hijas: Irene y Eva.
En 1896, María, animada por Pierre, decidió hacer su tesis doctoral sobre los recientes trabajos del científico Henri Becquerel, quien habían descubierto que las sales de uranio transmitían unos rayos de naturaleza desconocida. Dicho trabajo estaba relacionado con el reciente descubrimiento de los rayos X por parte del físico alemán Wilhelm Röntgen. Marie Curie se interesó por este hallazgo y, con la ayuda de su esposo, decidió investigar la naturaleza de las radiaciones que producían las sales de uranio. Lo primero que descubrieron ambos, es que las radiaciones no eran el producto de reacciones químicas, sino que se debían a la naturaleza misma de la materia. En 1898, tras varios años de arduo trabajo, a través del estudio de un mineral denominado pechblenda, aislaron dos nuevos elementos químicos, uno fue el polonio, que María lo bautizó así en referencia a su país natal, Polonia. Ella quería que este nombre atrajese la atención del mundo hacia una Polonia sometida por el yugo imperial ruso y que anhelaba su soberanía e independencia. Y el otro elemento fue el radio, cuyo nombre se lo colocaron debido a su intenso poder radioactivo.
A raíz del descubrimiento del radio, el mundo estaba pendiente de la radioactividad, y por este motivo comenzaron a realizarse investigaciones y experimentos por todo el mundo. En este sentido, se establecen diversas propiedades del radio, el cual es capaz de impresionar las placas fotográficas, convertir la atmósfera en conductora de electricidad, reducir a polvo el papel o el algodón con el que se le cubre, logra expandir su radiación por todas partes, desprender calor, hacer fosforescente el diamante, producir gas de helio y lo más importante: sus rayos queman las células cancerígenas, de aquí se creará la radioterapia o cómo se le llamaba entonces: la curieterapia.
María y Pierre Curie se dedicaron a estudiar diversos materiales radiactivos. En esos años trabajaron en un cobertizo poco equipado y Pierre era el encargado de suministrar todos los medios y artilugios para que María trabajara. Los dos sufrieron quemaduras y llagas producidas por los peligrosos materiales radiactivos.
El 25 de junio de 1903, publicó su tesis doctoral titulada: Investigaciones acerca de las sustancias radiactivas. Y defendió su tesis ante un tribunal para obtener el doctorado con mención Cum Laude. Ese mismo año, junto con Pierre Curie y Henri Becquerel, María fue galardonada con el Premio Nobel de Física: "En reconocimiento a los extraordinarios servicios rendidos en sus investigaciones conjuntas sobre los fenómenos de radiación descubierta por Henri Becquerel". Es notable que estos dos grandes científicos, a pesar de vivir con muy escaso recursos económicos, nunca quisieron patentar sus descubrimientos e inventos. Siempre se atuvieron a sus ideas de que el conocimiento debería estar a total disposición de los otros científicos y en general de toda la humanidad, un acto elevado de altruismo.
Cuando todo indicaba que la familia Curie, caminaba por la senda de progreso profesional y familiar, ocurre una tragedia que va a ensombrecer sus vidas. El 19 de abril de 1906, Pierre, fue atropellado por un carruaje de caballos en la calle Dauphine, cerca de Saint Germain de Pres, en París. Murió de manera instantánea, con el cráneo triturado, sin que nada se pudiera hacer por él. María quedó muy afectada por esta desgracia, sintió que el mundo se le venía encima, ya no contaría con su compañero de investigaciones y de vida. Días después del fallecimiento de su esposo, comienza a escribir un diario, en el que plasma estas letras: “En la mañana del domingo que ha seguido tu muerte, Pierre, he ido por primera vez al laboratorio en compañía de tu hermano. He tratado de hacer un cálculo para una medida, pero me he visto en la imposibilidad de continuar. En la calle, camino como hipnotizada, sin preocupación por nada. No me mataré, no tengo ni el deseo de suicidio. Pero entre tantos coches, ¿no habrá uno que me haga compartir la misma suerte de mi amado?”.
En esos días el gobierno francés le ofrece una pensión vitalicia, la cual rechaza y argumenta que aún se siente lo suficientemente fuerte para obtener el sustento de su vida con su propio esfuerzo. Y poco a poco fue retomado fuerzas para seguir adelante y velar por la educación y el futuro de sus hijas. En este sentido, aceptó la cátedra de física que su marido había obtenido en 1904. Su primera clase en la Universidad causó gran expectación, pues era la primera mujer que daba clases en la Sorbona, que ya tenía 650 años de fundación.  En 1911, recibió su segundo Premio Nobel, ahora en Química: «En reconocimiento de sus servicios en el avance de la Química por el descubrimiento de los elementos radio y polonio, el aislamiento del radio y el estudio de la naturaleza y compuestos de este elemento». Marie Curie fue la primera persona a la que se le concedieron dos Premios Nobel en dos campos diferentes y, como mujer, era algo impensable para su tiempo.
En el año 1914, inicia la primera guerra mundial. Durante el conflicto bélico, los hospitales de campaña, en Francia, carecían de personal experimentado y máquinas de rayos X apropiadas para revisar a los soldados heridos en batalla, así que María propuso el uso de la radiografía móvil cerca de las líneas de guerra para ayudar a los cirujanos en el campo de batalla. Aseguró con esta iniciativa, que los soldados heridos fueran atendidos con mayor efectividad si los cirujanos contaban a tiempo con las placas radiográficas. Después de un rápido estudio de la radiología, anatomía y mecánica automotriz, adquirió equipos de rayos X, vehículos y generadores auxiliares y diseñó unidades móviles de radiografía, a las que llamó «ambulancias radiológicas», pero que llegaron a ser conocidas posteriormente como las «pequeñas Curie». Se convirtió así en la directora del Servicio de Radiología de la Cruz Roja francesa y creó el primer centro de radiología militar de Francia. Después de culminada la guerra, a Madame Curie se le ofrecían todo tipo de honores y se le llamaba "la bienhechora de la humanidad". Manifestaciones que supo esquivar con la singular modestia que le caracterizaba.
Después de una vida dedicada a la ciencia y al aporte social, Marie Curie parte de este mundo material, el 4 de julio de 1934, cuando tenía 66 años, debido a una anemia perniciosa, por una alteración de la médula ósea, como consecuencia de las radiaciones a las que estuvo expuesta por tantos años en sus trabajos. Los efectos nocivos de la radiación ionizante no se conocían en ese momento y los experimentos se realizaban sin las medidas de seguridad pertinentes. Fue enterrada junto a su difunto esposo, como lo había pedido en vida. Se fue su cuerpo físico, pero su alma se quedó recorriendo los derroteros de la historia, al dejar un ejemplo de férrea voluntad y abnegación por el mundo científico y la humanidad.
Pasado un año de su deceso, en 1935, su hija mayor Irene, también obtiene el Premio Nobel de Química, junto a su marido Frédéric Joliot, por su descubrimiento de la radiactividad artificial. Cuatro años después un grupo de investigadores alemanes descubre que cuando el átomo de uranio es bombardeado con neutrones se desencadena la llamada fisión nuclear; y Frédéric Joliot completó la investigación, al descubrir que este bombardeo sobre el núcleo de uranio produce, a su vez, nuevos neutrones capaces de hacer estallar otros núcleos de uranio, produciendo así una reacción en cadena. Con este avance se iniciaba la era de la energía atómica. Una era que Madame Curie no conociera pero que fue posible gracias a su incansable trabajo y dedicación por la investigación y la ciencia.
Sesenta años después, en el año 1995, sus restos fueron trasladados, junto con los de Pierre, al Panteón de París, donde se le brindaron las distinciones correspondientes. En honor a esta infatigable pareja se le otorga el nombre "Curie" al asteroide 7000, descubierto el 6 de noviembre de 1939 por Fernand Rigaux. También se le asignó el nombre al elemento sintético Curio (Cm) descubierto en 1944, así como el cráter Curie, ubicado en la Luna, y el cráter Curie del planeta Marte. Sin duda alguna, una labor que dejó una huella indeleble en los anales de la historia.


Por: Ernesto Marrero Ramírez
29 de abril de 2020

lunes, 7 de octubre de 2019

Noches eternas



Observo el arcano universo,
busco interpretarlo,
aunque también es posible
que yo sea el interpretado,
el objeto, el fenómeno…
apenas un minúsculo átomo
que de la nada proviene
y hacia ella retornará.
No lo entiendo
…las noches son eternas

Los desvelos son de humo
y los días borrascosos.
Pienso, contemplo,
intuyo y deduzco,
pero la niebla del Misterio
termina por cubrirme
con su capa de incertidumbres
y la realidad se aleja silente,
se disuelve en los confines
del espacio infinito

El ovillo que guía mi camino
se quiebra como un cristal,
no consigo salir de este laberinto.
El Minotauro lanza un alarido de espinas
y me preparo para enfrentarlo.
Sus fauces son el universo,
un Big Bang que me devora
y me proyecta a rincones desconocidos
…no puedo vencerlo

Me retiro sereno
al rincón del pensador
y mi mirada se desvanece en el infinito,
el sol se duerme en un horizonte de topacio.
No puedo evitarlo
… las noches siempre serán eternas




viernes, 23 de febrero de 2018

Poema: Un día más




Pasan los días, el viento sopla confuso.
Los ojos de la cima enceguecen
ante una negra realidad
de tristes sombras que vagan por las calles
y voces mudas que subastan su conciencia

Pasan los días, muere la aurora.
El oscurantismo y la hegemonía
recorren los cauces de los ríos que se secan,
y  las arcas se llenan de oro verde
por el fétido barro que corrompe el alma
y el polvo blanco de la adicción

Pasan los días, gira el mundo.
El espejo se quiebra y escapan los reflejos,
son contrarios que escalan a los pedestales.
El digno y el honesto son lanzados a las ciénagas
y el indigno es alabado con galardones y decoros.
El asno y el parásito son enaltecidos,
el maestro es menospreciado y a veces pisoteado.
¡Las cloacas son admiradas como manantiales
y los manantiales desdeñados como cloacas!

Pasan los días y regresan cabizbajos.
Ahora sopla el silencio adolorido
ya cansado de tanto olvido y opresión.
Los huesos patrios se lamentan y sollozan,
aquellos seres que vivieron en el sublime honor
hoy sienten lástima por su curtida tierra

Pasan los días, los días pasan…
Los bufones montan su función
y las cómplices focas aplauden con fiereza,
con tanto salvajismo que sus manos sangran
y tiñen de rojo el azul del cielo…
El cielo que un día ondeó
                        la augusta bandera de la esperanza


De mi poemario: El tiempo y su legado

Poema: Penumbras y destellos


















A la larga todo es polvo,
polvo que se alterna
entre penumbras y destellos.
Es arena del tiempo que se disuelve en el olvido,
ligera chispa golpeada por los infortunios
y a veces avivada por la llama del mañana

Así transcurre nuestra existencia…

Yo sé que esta vida es una soga,
una soga que a veces te ahorca
y otras te rescata.
Es vértigo sediento de altura,
un laberinto incognoscible que todos
debemos recorrer

Hay días que son de fuego,
una pesadilla en el Tártaro.
Son horas interminables
en que las espaldas sangran
ante el cuero del verdugo

Otros días los cielos son elíseos
y el sol regala sus rayos al infinito,
la esperanza sopla serena
y aparta las hojas que tapan el sendero

Hay días de hiel y otros de ambrosía

… Así es la vida y nada se puede hacer

De mi poemario: El tiempo y su legado

miércoles, 14 de febrero de 2018

Poema: Eterna compañera



Cada vez que te veo,
mujer de mis sueños
mujer eterna.
Un escalofrío de seda
recorre mi piel,
recorre mis venas.
Y puedo sentir
tu mirada de flecha
traspasar mi carne
traspasar mi esencia.
Y escucho tus labios
nombrar mi presencia.
Decirme: te quiero,
como eco que vuela.
Y si tu piel de bronce
con pinceladas de arena,
roza mis sentidos,
roza mis ideas,
puedo volar alto
y palpar estrellas.

Cada vez que te veo
mujer de mis sueños
mujer eterna.
Recorro caminos
de estrecha vereda
y duermo en tus besos
de magia y leyenda,
que inspiran mis pasos
y moldean mis letras.
Perfume de diosa
Edén de conciencia,
talismán poderoso
radiante vestimenta.
Eres parte de mi vida
mi todo… mi esencia.

Por: Ernesto Marrero

De mi libro: El jardín de la Existencia

poema: Que lo diga Dios



Campana silente
que envuelve mi aurora,
vendaval sombrío
que me cobijó.
Caverna estruendosa
de gratos momentos
de besos fundidos
de viva pasión.
Ansío tenerte
pero ya no puedo,
carroza de fuego
que me incineró.
Y de piedra en piedra
construyo el palacio
que cubrió una sombra
que se devastó.
Porque eras mi vida
hoy muero en silencio,
muero de agonía
y desesperación.
Hembra inmaculada,
bálsamo celeste
que impregnó mi aliento,
que me hipnotizó.
Alma de gitana
que volando errante
viajó con la brisa
que me arrebató:
la luz de mis ojos,
la piel de mi carne,
y el canto del ave
de aquel ruiseñor.
Hoy quiero decirte
viendo un crucifijo,
que siempre te quise.
… ¡Que lo diga Dios!

Autor: Ernesto Marrero
De mi libro: El jardín de la existencia

lunes, 5 de febrero de 2018

Poema: Caminos en soledad













Ni un consejo
ni un amigo.
¡Oh desgarrador
martirio
cuánto duele
tu presencia!
Vil y penosa
la ausencia
del cariño de
una mano
que acompañe
este camino
tan solitario
y mundano…

Luchar por
sembrar
valores.
Luchar por
la trascendencia.
Luchar por la
libertad
en un mundo
de inconsciencias…

Ni un vecino
ni un hermano
que comprenda
mi locura.
Pido al cielo
la cordura,
pido por mi
salvación,
pido al compás
de los tiempos
que detenga
su reloj.
Porque no
encuentro
razón
ni entendimiento
certero,
al transitar
mi sendero
de soledad

y de ilusión.

Por: Ernesto Marrero

Del libro: El jardín de la existencia